«Yo trabajo por dinero,
doy el callo por dinero
no sé qué y no sé cuánto
yo trabajo por dinero…»
Ahora que ya tenéis una imagen aproximada de cómo es vuestro anfitrión, os preguntaréis en qué hüevos gasta el tiempo (aparte de plantando miniaturas de la Guerra Civil Inglesa, claro).
Pues la verdad es que básicamente es un pedazo de vago de los que no se fabrican desde los años 1930s. Le gustaría no tener que hacer nada, pero tiene que sobrevivir, y sus tierras sólo le suponen pérdidas. Su principal fuente de ingresos procede de su trabajo como portero de noche en el mayor hotel de la ciudad cercana. El trabajo está demasiado bien pagado para lo poco que se exige, apenas que se haga acto de presencia, que se haga unas cuantas rondas todas las noches para comprobar que todo marcha bien y poco más. La mayor parte del tiempo la pasa sentada tranquilamente en un sillón durmiendo, a veces hasta echa una cabezada. Jon piensa que en realidad le pagan sólo para tener un chivo expiatorio en caso de que pase algo durante la noche, ya que entre las 24:00 y las 6:00 su único acompañante es el recepcionista de turno.
Esto le permite vivir desahogadamente y pagar la factura de internet, pero para poder sufragar la ingente cantidad de discos, libros y cómics que a su casa llegan desde exóticos almacenes en Centroeuropa, tuvo que encontrar actividades suplementarias. Aprovechando su gran conocimiento y experiencia sobre las cosas modernas, empezó a escribir sobre temas tan variados y excitantes como magia cabalística, política del submundo, sectas ocultistas adolescentes, arte poco figurativo, filosofía renacentista y tardomedieval y armas bacteriológicas de difusión retardada. Colabora en varias publicaciones de publicación regular, todas ellas bien reputadas dentro de los círculos underground: “S&M Monthly”, “Arte, joder”, “Mysticabala! Today” y “Cuore”. Su fama está bastante extendida, y es tenido por la mayoría como un observador sagaz e imparcial y un crítico justo y sabio. Tal es su reputación que numerosos magnates y cabecillas del submundo lo invitan a fiestas, reuniones y eventos para conocerlo personalmente, invitaciones que él felizmente declina.
Su trabajo como nachportier le permite pasar bastantes horas leyendo y descansando, a veces incluso escribe artículos y revisiones en el hotel, y cuando llega a casa duerme sus ocho horas de rigor. Pero en casa no todo es ocio: su viejo caserón, enclavado en el extremo sur de la Huerta del Caballo, hace las veces ciudadela desde la que controlar el territorio circundante. Y es que Jon Arson tiene en su haber el título de Marqués de Olivosgrises (anterior denominación de la parcela que posee en régimen de señorío de derecho). El origen de la autoridad está más o menos claro en las ciudades, siendo por ello respetada por los “ciudadanos” (palabra que los liberales inventaron para sustituir a “súbditos”); pero en las zonas rurales, las luchas por el poder siguen siendo muy similares a las que llevó a cabo Sargón para formar el Imperio Acadio. Muchos son los poderosos pobladores de los bosques y colinas, y sus espíritus guerreros siguen ardiendo con llamas puras y primitivas, y dirigidos por ambiciosos y astutos caudillos, llevan a cabo campañas sangrientas que consiguen que los godos parezcan en comparación niñitas con trajes de tul. Como señor temporal, herr Arson también tiene obligaciones, encargándose de la diplomacia, el comercio y incluso dirigiendo a las tropas personalmente cuando se siente henchido de valor (o lleva demasiado tiempo sin fornicar nj comer chocolate).