sábado, 14 de agosto de 2010

¿Conoces a Jon Arson? Pt. 2

«Yo trabajo por dinero,

doy el callo por dinero

no sé qué y no sé cuánto

yo trabajo por dinero…»


Ahora que ya tenéis una imagen aproximada de cómo es vuestro anfitrión, os preguntaréis en qué hüevos gasta el tiempo (aparte de plantando miniaturas de la Guerra Civil Inglesa, claro).

Pues la verdad es que básicamente es un pedazo de vago de los que no se fabrican desde los años 1930s. Le gustaría no tener que hacer nada, pero tiene que sobrevivir, y sus tierras sólo le suponen pérdidas. Su principal fuente de ingresos procede de su trabajo como portero de noche en el mayor hotel de la ciudad cercana. El trabajo está demasiado bien pagado para lo poco que se exige, apenas que se haga acto de presencia, que se haga unas cuantas rondas todas las noches para comprobar que todo marcha bien y poco más. La mayor parte del tiempo la pasa sentada tranquilamente en un sillón durmiendo, a veces hasta echa una cabezada. Jon piensa que en realidad le pagan sólo para tener un chivo expiatorio en caso de que pase algo durante la noche, ya que entre las 24:00 y las 6:00 su único acompañante es el recepcionista de turno.

Esto le permite vivir desahogadamente y pagar la factura de internet, pero para poder sufragar la ingente cantidad de discos, libros y cómics que a su casa llegan desde exóticos almacenes en Centroeuropa, tuvo que encontrar actividades suplementarias. Aprovechando su gran conocimiento y experiencia sobre las cosas modernas, empezó a escribir sobre temas tan variados y excitantes como magia cabalística, política del submundo, sectas ocultistas adolescentes, arte poco figurativo, filosofía renacentista y tardomedieval y armas bacteriológicas de difusión retardada. Colabora en varias publicaciones de publicación regular, todas ellas bien reputadas dentro de los círculos underground: “S&M Monthly”, “Arte, joder”, “Mysticabala! Today” y “Cuore”. Su fama está bastante extendida, y es tenido por la mayoría como un observador sagaz e imparcial y un crítico justo y sabio. Tal es su reputación que numerosos magnates y cabecillas del submundo lo invitan a fiestas, reuniones y eventos para conocerlo personalmente, invitaciones que él felizmente declina.

Su trabajo como nachportier le permite pasar bastantes horas leyendo y descansando, a veces incluso escribe artículos y revisiones en el hotel, y cuando llega a casa duerme sus ocho horas de rigor. Pero en casa no todo es ocio: su viejo caserón, enclavado en el extremo sur de la Huerta del Caballo, hace las veces ciudadela desde la que controlar el territorio circundante. Y es que Jon Arson tiene en su haber el título de Marqués de Olivosgrises (anterior denominación de la parcela que posee en régimen de señorío de derecho). El origen de la autoridad está más o menos claro en las ciudades, siendo por ello respetada por los “ciudadanos” (palabra que los liberales inventaron para sustituir a “súbditos”); pero en las zonas rurales, las luchas por el poder siguen siendo muy similares a las que llevó a cabo Sargón para formar el Imperio Acadio. Muchos son los poderosos pobladores de los bosques y colinas, y sus espíritus guerreros siguen ardiendo con llamas puras y primitivas, y dirigidos por ambiciosos y astutos caudillos, llevan a cabo campañas sangrientas que consiguen que los godos parezcan en comparación niñitas con trajes de tul. Como señor temporal, herr Arson también tiene obligaciones, encargándose de la diplomacia, el comercio y incluso dirigiendo a las tropas personalmente cuando se siente henchido de valor (o lleva demasiado tiempo sin fornicar nj comer chocolate).

Y a todo esto hay que sumarle una nueva responsabilidad ineludible: luchar contra una conspiración internacional encabezada por los publicistas.

miércoles, 11 de agosto de 2010

¿Conoces a Jon Arson? Pt. 1

«Jon Arson es un sujeto sencillo

con chaqueta negra y zapatos sin brillo»


Jon Arson se considera a sí mismo un tipo normal, caraterizado como la mayoría de sus compañeros de especie por una remarcable colección de vicios y defectos, que junto con alguna que otra virtud y habilidad, dan forma a su persona.

Teniendo en cuenta que Mr. Arson lleva sin hablar con una persona normal varios años, que ha estado clínicamente muerto un par de veces, que vive en un bosque de olivos defendido por sátiros y centauros, que la mayoría de sus amigos apenas si pueden llamarse antropomorfos y que colabora activamente en varias publicaciones ocultistas y underground, se puede concluir que el concepto de "tipo normal" no significa lo mismo para él que para la mayoría de la gente.

Su carácter huraño, junto con su irrefrenable necesidad de señalizar las faltas ajenas, si puede ser mediante comentarios innecesariamente crueles mejor, hace que fellowmen se mantengan alejado de él, cosa que el propio Jon agradece. También es posible que el hecho de que viva en una zona constantemente amenazada por la guerra y las escaramuzas fronterizas ayude a eso. Sea lo que sea lo que aleja a la gente, nuestro querido amigo valora más el efecto que las causas.

Otro de los rasgos que más suele llamar la atención sobre su persona es el de su penosa memoria a corto plazo, que suele justificar por aquello de sus muertes cerebrales, pero conociendo que es un ingenioso usuario de excusas, circunloquios y falacias, tampoco se puede aceptar esto como una verdadera razón.

Tiene estatura media y complexión recia (palabra que las madres usan para evitar decir "panzudo"), cráneo redondeado como el de los buenos primates y pelo negro, corto y puntiagudo y una barba que sólo podría llevar un kaiser alemán, un explorador británico o un banquero del oeste. Viste siempre de negro, a veces hasta lleva camisetas de grupos de metal, y gusta de coronarse con sombreros y gorras. Por si fuera poco, pinta miniaturas de la Guerra Civil Inglesa. Podríamos deicr pues, que es un friki de los cojones.

¿Qué es lo que hace entonces que Jon tenga entre sus amistades a tantos seres míticos, inmortales y algunos prácticamente intangibles? Pues precisamente los mismo que causa repulsión entre sus congéneres humanos: su temerario ingenio, su lengua afilada y su incapacidad manifiesta para distinguir los excepcional de lo común.

Un pieza, vamos.